Mamá Luna

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Había una vez una hermosa luna que estaba muy feliz cantando y sonriendo en el cielo. Ella siempre estaba redonda porque así demostraba su estado de ánimo. Cada día miraba solamente un pedazo de la tierra, estaba constantemente moviéndose y no conocía los otros lugares donde también había personas y animalitos que necesitan de ella.

Una tarde, una hermosa mujer shamana le pidió a la noche ayuda: “hermosa noche, te ruego y te pido encontrar una estrella que me guíe y me cuide, que me enseñe a descansar y trabajar, que me muestre cómo criar a mis hijos y cómo protegerme y protegerlos”,

La noche buscó a la hermosa luna y le contó el clamor de la mujer. La Luna por su naturaleza se sintió impulsada a ir a conocerla, y al hacerlo, se movió con un ritmo diferente al de la Tierra. El resultado fue que las personas que siempre veían la luna, la observaron de pronto partida en dos. Se asustaron mucho y empezaron a la llamarla todos al mismo tiempo: “Moon Moon ¿qué paso contigo? ¿A dónde fue tu otra mitad?”. La luna les explicó que debía moverse y que al hacerlo cambiaba su forma, pero que seguía siendo la misma.

Al llegar donde la mujer, pudo verla, tenía un fueguito prendido mientras rezaba a la noche pidiendo su ayuda. La mujer miro en el cielo una estrella gigantesca como una sandía partida a la mitad. Ella se asombró muchísimo y más aún cuando la luna le habló:

Mujer shamana, he escuchado tu pedido y vengo a estar junto a ti. ¿Qué necesitas de mí?”

La mujer shamana le contó sus dificultades; que no podí a descansar nunca, que debía estar constantemente con toda la tribu que la necesitaba, y que estaba tan cansada que sentía que no podía hacer nada bien con nadie, porque parecía que estaba siempre partida entre tantas ocupaciones.

La luna pensó y le dijo: “No sé la solución, vamos juntas a descansar y meditar en la aldea de las Lunas, ven conmigo.”

La mujer se emocionó con la propuesta y quiso volar hacia el hermoso astro, al no poder hacerlo, se entristeció. Le dijo a la Luna: “Yo no puedo ir contigo, no puedo ser una estrella en el cielo”. La Luna le dijo: “concéntrate en tu vientre y siente cómo despiertas las mariposas que te ayudará n a volar … mira el fuego y siente cómo entra dentro de ti”

La mujer con algo de miedo pero con mucha fe se concentró. Empezó a sentir cómo el calor entraba en su vientre y cómo las mariposas empezaban a aparecer. Estaba muy feliz, tan feliz que olvido sus cansancios, sus penas, sus tristezas. Y al hacerlo, unas gotitas de fuego en forma de sangre brotaron de su vientre, alivianándola tanto, que pudo volar hacia la Luna.

La luna estaba maravillada con este acontecimiento y decretó “ que todas las mujeres shamanas tengan el don de volar y descansar en la Aldea de la Luna. Una vez al mes, las vendré a ver, para que al limpiar sus cansancios, se vuelvan tan sutiles que puedan recargar su energía y todas las dudas les sean disipadas, porque ellas serán tan sabias como yo”.

La Luna y la mujer se fueron a la Aldea y pudieron descansar y meditar. Se dieron cuenta que cuando la Luna se fue de la tribu del sur en realidad una parte de ella aún seguía ahí . Que al cambiar su forma cuando se concentraba en diferentes lugares de la tierra podía cuidar a todas las tribus. Descubrieron que para hacerlo debía moverse y cambiar su forma. Las tres tribus estarían felices siempre, porque tendrían a la Luna, ya que un tiempo de cada mes, la luna descansaría con las mujeres en la Aldea.

La mujer estaba feliz porque haría lo mismo: Dividiría su energía entre su trabajo, sus hijos, su pareja y sus amigos. Se enfocaría en cada uno de ellos en un momento especí fico, seg ún como se veía la Luna en el cielo. Así estaría con todos durante todo el mes, y específicamente con cada uno en un momento de este. La mujer se sentía dichosa con su nueva forma de vida, en especial porque ahora todos los meses recargaba su energía en la Aldea de las Lunas. La mujer amaba su sangre que venía cada mes, porque era el camino para volar y descansar con sus amadas amigas y demás mujeres de las tribus.

Las personas de la tribu se dieron cuenta del cambio de la mujer shamana, vieron que ahora era como tres personas diferentes durante el mes: un tiempo muy enfocada en todos, en que la tribu funcionara, otro tiempo muy cariñosa con sus hijos y familia, otro tiempo muy concentrada en ella, sus pócimas y brebajes. Se dieron cuenta que al igual que la luna tenía tres forma diferentes y que por supuesto siempre, siempre, siempre, cuando la luna desaparecía, la mujer shamana tampoco estaba.

Las mujeres del mundo empezaron a envidiar a la mujer shamana, ellas también querían descansar y manejar su vida de mejor manera. Hablaron con las shamanas de sus pueblos y ellas les enseñaron cómo usar el secreto para que pudieran descansar, les conectaron con la Luna y crearon una tienda roja para tener un pedacito de la Aldea de la Luna en cada tribu.

Desde ese día, las mujeres comprendieron que son cíclicas, cambiantes. Y al comprenderse a sí mismas, se proyectaron de manera que todo el pueblo: los niños, los ancianos, los hombres, las respetan y admiran no solo por ser hermosas sino también peculiares.

Así sea, Así es!

Mariale

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